Sobre oportunidades e injusticias

 

El pasado curso escolar 2017-18 la Comunidad de Madrid impuso el adelantamiento de los exámenes de recuperación, que tradicionalmente se hacían en el mes de septiembre, a julio. En la práctica, estos exámenes se realizaron a finales de junio, dejando a los alumnos un plazo de menos de dos semanas entre los exámenes de evaluación y los de recuperación. Para aquellos alumnos que solo tenían suspensa una asignatura, quizá esto no fue dramático. Pero, ¿qué les ocurrió a los alumnos que tenían suspendidas dos o tres asignaturas? Algunos consiguieron aprobar dos, tres y hasta cuatro asignaturas. Fue fácil: los profesores les habían dado las preguntas de los exámenes, o les habían puesto un trabajo, cuya consecución suponía aprobar la asignatura.

Juan, de 14 años, había suspendido Lengua, Inglés y Física. La profesora de Lengua le dio un folio veinte oraciones para que analizara sintácticamente. Le explicó que, si el día del examen de recuperación traía hechas las veinte, aprobaría la asignatura. El profesor de Inglés (materia de la que, por cierto, Juan no había aprobado un solo examen en todo el curso) le cambió el examen de recuperación por un trabajo sobre Shakespeare, en Inglés, por supuesto.

Así que Juan analizó las veinte oraciones, con muchísima ayuda, claro. E hizo un trabajo sobre Shakespeare de dos hojas, sacado de Wikipedia, que después una herramienta de Google tradujo por él (Juan no se daba cuenta, por descontado, de la horrorosa traducción que presentó). Juan sólo tuvo que estudiar Física. Pero estaba tranquilo: esa asignatura no es de las que te hace repetir. No se esforzó mucho, y no recuperó. Pero pasó de curso.

Este año Juan ha vuelto a suspender: no tiene ni idea de cómo se hace un análisis sintáctico, ni sabe nada del presente perfecto o de los verbos modales en inglés. También tiene problemas con Física, pues al no tener ciertos conocimientos previos, el temario de este año le suena totalmente a chino.

Otros, sin embargo, no lo tuvieron tan fácil. Melanie, de 15 años, llegó de Ecuador hace un poco más de un año. Es una chica lista, sabe que tiene que trabajar duro, pues las cosas en casa no están pasando un buen momento. Suspendió Francés (asignatura que no había visto en su vida) y Biología, porque el temario es extensísimo y muy denso para ella. Haciendo un esfuerzo ímprobo, los padres de Melanie la apuntaron a una academia y así consiguió aprobar todas las demás asignaturas. Pero Francés y Biología no fue posible, aunque ella echó el resto. Ahora está repitiendo curso. Aunque su madre fue al colegio y habló con los profesores, ella todavía no entiende muy bien el sistema educativo español y cuando le dijeron que Melanie iba a repetir, lloró de rabia, pero no se paró a pensar, ni por un momento, que fuera injusto.

Este curso Melanie no va muy bien. Había aprobado Matemáticas e Inglés por los pelos, trabajando duro, pero este año está desmotivada. Todo le suena, nada es nuevo, así que ha perdido el interés y se pasa mucho más tiempo hablando con su compañera y viendo el Instagram de ella. Melanie no tiene móvil, y le da rabia. Así que prefiere discutir con sus padres por todo lo que le falta que ponerse a estudiar para unos exámenes que ya sabe cómo serán.

Si a Juan le hubieran suspendido las tres asignaturas que se merecía suspender, habría pasado el verano empollando. Claro que habría podido salir a jugar al fútbol, en el pueblo, con sus amigos. Pero por las mañanas habría tenido que trabajar para las recuperaciones. A día de hoy, estaría mucho más preparado para las asignaturas del curso en el que está, además de que habría aprendido el valor del esfuerzo y de la dedicación; el hecho de tener que hacer cosas las mañanas del verano habría sido una enseñanza para el resto de su vida: nada se consigue sin sacrificio y trabajo duro.

Si Melanie pudiera haber aprobado Francés y Biología en septiembre, hoy no sería una niña aburrida, cansada y despegada de los estudios. Estaría en el curso que le corresponde por edad, con los compañeros que tan bien la acogieron cuando llegó a España. Sus padres estarían orgullosos, incluso relajados porque su hija puede llegar lejos. Melanie habría estudiado Biología y aprendido los verbos en Francés sin problema (dos meses y medio de vacaciones se hacen muy largos). Estaría más cerca del Título de Graduado Escolar, con el abanico de posibilidades que eso supone para ella…

Belén Moreno

Academia ICV Formación

Marzo de 2019

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